Tal vez no muchos sepan que casi el 60% del territorio del Distrito Federal se considera suelo de conservación.
Los bosques y pastizales que forman gran parte de los suelos de conservación son invaluables para la salud de los capitalinos. Los servicios ambientales que nos otorgan estas áreas incluyen la infiltración del agua para la recarga del manto acuífero de donde proviene el 70% del agua que consumimos y la captura de CO2, que es el principal gas causante del calentamiento global. También estabiliza los suelos, lo cual evita la erosión, previene deslaves y mantiene la fertilidad de los suelos, lo cual a su vez, permite la práctica de actividades económicas como la agricultura y la ganadería.
Desafortunadamente, hoy en día estos invaluables ecosistemas se ven altamente amenazados por la creciente mancha urbana, graves problemas de contaminación y la tala ilegal. La Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT), estima que del año 2000 al 2005 se han perdido aproximadamente 725 hectáreas anuales de suelo de conservación, tendencia inaceptable y que se debe de revertir a la brevedad.
La principal amenaza son los asentamientos irregulares. La falta de respeto al ordenamiento territorial y los conflictos sobre tenencia de la tierra permiten que la mancha urbana se extienda sin contar con los permisos oficiales. Cabe destacar que los asentamientos irregulares van desde aquellas áreas invadidas por los famosos "paracaidistas" hasta fraccionamientos muy exclusivos y millonarios, comercializados por agentes intermedios aunque no tengan la propiedad legal de la tierra. Hasta el momento, la mayoría de asentamientos se mantienen en zona baja y plana, pero la PAOT estima que muy pronto amenazarán los preciados bosques al sur y poniente de la ciudad.
Al mismo tiempo perdemos barrancas, claves en la recarga del acuífero. Esto sucede por los residuos de la industria de la construcción, la descarga de aguas residuales y los mencionados asentamientos irregulares. Las quemas descontroladas, el cambio de uso de suelo forestal y la extracción de suelo, así como de materiales pétreos también contribuyen a la degradación del área de conservación.
Debemos reconocer los esfuerzos de las autoridades federales y locales al decretar 19 Áreas Naturales Protegidas (ANP) en la ciudad. Estas áreas son resguardadas para mantener la biodiversidad y el equilibrio ecológico que encontramos en ellas. Tal es el caso del Desierto de los Leones y la zona sujeta a conservación ecológica Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco son el hábitat de una gran variedad de flora y fauna, incluyendo anfibios en peligro de extinción como el ajolote y mamíferos como el cacomixtle y el coyote, presentes en las zonas boscosas.
Lamentablemente, nuestras ANP sufren una variedad de problemas que amenazan su existencia, como es el caso de las especies invasoras, la tala ilegal, la contaminación, la falta de planes de manejo de arbolado y el avance de la mancha urbana. Como sociedad y gobierno debemos hacer más para cuidar estas áreas responsablemente y evitar su pérdida, lo que sería realmente desastroso para la ciudad y las futuras generaciones. Debemos urgir al gobierno de Marcelo Ebrard a tomar las medidas necesarias para mejorar el manejo de estas áreas y protegerlas a toda costa ante la creciente urbanización.
Mención aparte merece la tala clandestina, que va desde la 'tala hormiga' para el autoconsumo, hasta la tala industrial que es controlada por el crimen organizado y explota más de 23 m3 de madera a la semana. Para esto, la PAOT y la Profepa tienen claramente localizados los puntos donde se practica la tala clandestina y para ello ha instalado puntos de revisión, sobre todo en las carreteras aledañas al Desierto de los Leones y las Cumbres del Ajusco. Hay que aplaudir el esfuerzo para combatir la tala clandestina, pero exigir aún más. ¿Si ya se tienen localizados los puntos de explotación, por qué no hay más vigilancia? ¿Si ya se saben las rutas de la madera ilegal, por qué no se detiene a los responsables? ¿Hay complicidad?
Poco a poco, hemos estado perdiendo las áreas verdes, claves para la calidad del aire, agua y de la biodiversidad de nuestra ciudad. Del 2000 a la fecha, hemos perdido alrededor de 5,000 hectáreas de bosque.
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